Cuentos de hadas japoneses
Curiosa la forma en que todavía me sorprende el honor y las costumbres japonesas de antaño, remanentes todavía hoy en día en muchas formas.
Cuando llegó la noticia del tsunami japonés, yo tenía una copa en la mano, y me preguntaba qué haría si yo me encontrara en la misma situación, y me respondí, lloraría, entraría en pánico y probablemente necesitaría un abrazo muy largo. Loli-pop me dijo que ellos no lo harían, y me lo explicó con una palabra (que mi memoria de pescado no puede recordar firmemente) que tenía este significado: no demostrar tus emociones tan fuertemente, por temor a incomodar a las personas que hay a tu alrededor.
Temple, fortaleza, o carencia de expresiones, no lo sé, pero aquí eso no funcionaría tanto, somos demasiado dramáticos para esa expresión, además que siempre hablamos con las manos y con la expresión de nuestros cuerpos formamos cosas que llegan a los demás sin decir palabra alguna, todo sin decir una palabra, los sentimientos llegan a donde tiene que llegar.
En este libro, la costumbre del honor y del sacrificio llega a todas las edades y situaciones sociales, desde el samurai que busca un tesoro para conquistar la mano de una princesa, hasta un hijo que llegó entre los bambúes y que llega a la vida de los ancianos para hacer su vejez más cómoda.
Hubo un cuento que no leí con tanto gusto como yo hubiera querido, y ya sé que los tiempos cambian, hay diferentes latitudes y costumbres y vemos la sociedad de una distinta manera, pero no puedo evitar sentirme un poco triste cuando una mujer se sacrifica por un hombre que no le tiene la más mínima compasión y logra que se salve, con la única recompensa del agradecimiento momentáneo. Uf, eso de aventarse al mar pidiendole al dios serpiente que no mate a tu marido que prometió que se casaría con otra solo porque ya no conservabas tu piel lozana y ya no eras tan bonita, no me hizo sonreir.
Después se me quitó el puchero cuando hablaron de un cienpiés gigante, que podía morir con el contacto de la saliva humana. Todos estos relatos me recordaron los cuentos que leía cuando quería desentenderme de todo.
Japón es un mundo tan diferente, que un vistazo con los cuentos, no es suficiente.
PD No pude encontrar indigno de ser humano... muero de ganas de leerlo!
Sexy Eyes
