Mi auto
Hace poco que tengo mi auto y entiendo porqué los chicos se apasionan tanto con ellos.
Cuando lo lavas tienes conciencia de todo lo que le ha pasado:
Esa abolladura que tiene porque no viste el bendito tubo en el estacionamiento cuando visitabas a la tía Juana por primera vez; los rines rayados porque no calculaste bien la acera al estacionarte y no había un franelero que te dijera cuánto más echarte para atrás; las cagadas de paloma por aquella vez que estacionaste debajo del árbol; la tarjetita del negocio de stripers que quedó en tu ventana cuando lo dejaste en la calle de noche por un barrio peligroso; el volante del negocio de comidas a domicilio en tu parabrisas que compite con el lugar del boletito del estacionamiento del valet parking de aquella noche loca. Y eso es sólo lo que ves por fuera.
Por dentro yo sé que debe variar de persona en persona por género profesión, estado civil y religioso.
Porque no es lo mismo tener dos pares de zapatos, unos de tacón, y otros de piso, por si te cansas, y por si hay una presentación de última hora con el jefe; el suéter, la chamarra, la bufanda y el paraguas, aunque sea primavera, los discos, el i-pod, el perfume, los condones y la tarjeta de seguro del coche por si hay noche loca; la sillita de bebé, los juguetes, la mordedera, el peluche y la mamila con los restos de la leche preparada de tu hijo que últimamente ha tomado la gracia de vomitar en el coche porque se siente mareado cuando das vuelta a la izquierda; los libros, lapices, mochilas, loncheras, equipo de karate y ballet; el rosario en el espejo retrovisor, las cuentas musulmanas en la palanca de velocidades, o la santa muerte pegada en el tablero del coche.
Todos los coches tienen una personalidad diferente, de acuerdo a lo que la automotriz los haya diseñado y lo que hagamos cada uno con él. El mío es un coche gay, porque siento que es un "niño", pero le encantan las estrellitas rosas que puse en la parte de atrás. Eso de las pegatinas en las defensas son todo un arte para expresar lo que queremos que otros conductores vean, como el equipo de futbol que preferimos, la banda de rock que amamos y los países que hemos visitado. Mis estrellas dicen que mi coche pertenece a una niña joven (o inmadura, dependiendo quien me vea manejar) y el equipo de soccer que hay en mi ventana podría delatar a una fanática empedernida, cuando la verdad es que no se nada del deporte y eso lo añadio mi padre por pura diversion que ahora no puedo quitar.
Mi auto se llama cookie y estoy segura que si pudiera pintarse los labios, lo haría, se pondria además un lunar al lado y se pintaría los faros de una manera atrevida.
SEXY EYES
THAU
