Tierras de sangre
Libro fascinante de principio a fin. Con él pude casi ver los campos dorados de trigo de Turquía y Grecia, y oler la pólvora y el sufrimiento de los pueblos azotados por la violencia impuesta que trae consigo casi todos los conflictos bélicos.
De la boca de un soldado que vive el ir y venir de las balas entre pueblos hermanos, se describe el horror de un pueblo que antes veía a sus vecinos como gente en la que podía confiar convertirse en el enemigo impuesto de alguien que ni siquiera está en sus tierras y que no puede ver el dolor y sufrimiento de la gente que vive de esas tierras tan hermosas.
Grecia y Turquía son tierras vecinas y conforman el corazón de una de las regiones más ricas en costumbres, cultura y alegría; Pero cuando por decisiones externas deciden sangrarse hasta morir, la hermandad se acaba en un abrir y cerrar de ojos.
Es cierto que los horrores de la guerra siempre son indescriptibles, y que el dolor y la tristeza no pueden ser desmenuzados en un texto con suficiente precisión como para evitar que se sigan creando guerras por el poder.
Este texto lo hace de una manera poética y entrañable. Las vivencias de este soldado antes y después de la guerra te llevan de la mano por una existencia pacífica, en donde lo único que importa es el ritmo de la tierra para crecer frutos, el cómo venderlos y cuidarse de los vendedores aprovechados para poder tener siempre pan en casa. La fuerza bruta de los hombres y la dedicación de las mujeres al hogar, ya que los dos son los pilares de la familia eterna y feliz de los campos, que no tienen porqué sufrir ninguna tristeza.
Los caminos del destino llevan a que esta existencia de trigo dorado se vea sustituida por la de la gris lucha por la supervivencia, en donde la pregunta es: Si no luchas por tu tierra y por tu derecho de residir en ella, de qué sirve tu existencia, llevada por caminos de avaricia, torciendo el significado de ésta primera intención, para llevarlo a: matense, destrúyanse, y nos repartimos lo que quede al final. Los campos quedan abandonados, las mujeres quedan en sus casas, llorando por sus hijos y maridos, solas, sin poder trabajar la tierra por completo ya que los saqueadores sólo esperan una oportunidad para llevarse la poca dignidad que les queda, pues el amor y la esperanza, hace tiempo que no pasa por delante de su puerta.
La desolación de los campos de batalla es otra, pues quedarse significa morir por la bayoneta, o por una enfermedad, o porque tus superiores se volvieron locos y decidieron eliminar a todos los que estaban ahí. La única solución, desertar... y aún asi apostaban la vida cuando pedían ayuda a los viajantes, ya que la pena de muerte era lo único que le esperaba a los que fueran descubiertos.
Huir de la tierra, huir de la guerra, huir de la sangre y de los lazos que te unían a un pueblo es la solución para que la locura no te alcance y haga contigo lo que quiera. Huir o quedarse, esa es la disyuntiva que se plantea.
Uno de los mejores libros que he leido hasta ahora.
SEXY EYES
THAU
