Yacía a su lado en la cama... _______________________________________________________________
Esa sería -ella lo sabia muy bien- la ultima vez que harían el amor. No supo qué sentir en ese momento, lo intuía de manera contundente y aún así no sintió ninguna emoción, era como si ese momento se congelara, o lo abarcara todo, como si durara una eternidad. Así lo sintio. Se recostó sobre las sábanas rojas y no pensó en nada, sólo dejó que sus sentidos llenaran todo, llenaran lo más que pudieran ese vacío que sabía que despues sentiría, que llenaran todo para que después con ese recuerdo se consolara y pudiera cerrar las heridas. No pensó en nada, simplemente lo observó, sonrió y cerroólos ojos mientras se daban un largo beso. ____________________________________________________________ Cuando abrió los ojos lo abarcó todo con la mirada, las paredes pintadas de negro, las cortinas de rojo satín que hacían juego con las sábanas, ningún otro mueble en la habitación, la cama al centro era lo que importaba. Sobre la cama vio el candelabro, sentía que giraba lentamente, hacia una dirección y luego hacia la otra, el reflejo de los múltiples cristales le daban la sensación de flotar. Se dejó llevar por aquell sensación, con la vista fija en esos reflejos sinitó que flotaba suavemnete hacia el cuarto siguiente, el inmenso baño de marmol con la tina octagonal, donde tantas veces habían jugado a ser romanos. Qué juegos... simpre con un toque de locura y otro poco de realidad. ____________________________________________________________
Recostados en la cama, ninguno de los dos se atrevía a moverse, tenían presente la presencia de cada uno, los pliegues de las sábanas enrolladas en sus cuerpos desnudos eran testigos de la pasión que acababa de pasar. Ella movió un poco su mano acercándose a él. Curiosamente él hizo lo mismo. Se encontraron a media distancia, con el candelabro como testigo mudo de las ganas de quedar ahí, exhaustos y felices para siempre. Rozaron con suavidad sus dedos, acariciandose el dorso de las manos, los dos se pintaron una sonrisa en el rostro, sonrisa que se tornaría en una mueca de añoranza, y aún sin atreverse a mirar a los ojos, esa cosquilla de pasión resurgía en los dos, con la tristeza de saber que el tiempo, el precioso tiempo se acababa. ____________________________________________________________ Esto era hermoso para cada uno de ellos, se sentían dichosos y por primera vez ella entendió que aunque ya no lo tendría a su lado tendría todas estas sensaciones en su interior, llenandola, llenando cualquier vacío que pudiera presentarse en su vida. Viviría de ellas y haría más fácil la despedida. Sería su último detalle hacia él. Las caricias continuaron, él la miraba intensamente, la extrañaría, eso era seguro, y no podía ocultarlo de sus ojos. Una última sonrisa, un último beso, un último abrazo y la despedida. No hubo palabras, no hubo frases hirientes ni de disculpa. Sólo se vieron a los ojos, tomaron sus cosas y, al salir de la casa cada uno tomó la dirección opuesta. ____________________________________________________________
Ella caminó con una sonrisa triste en el rostro por media hora antes de saber dónde estaba. El recuerdo de aquellos momentos quedaría grabado en su corazón por siempre, y nadie podría quitárselo nunca. Sentía cosquilleos en todo su cuerpo cada vez que recordaba sus caricias, y en el último recuerdo, alzó la vista para encontrarse en el lugar de siempre... Cómplice de todos sus encuentros, amargura del corazón que los unió y que tenía que separarlos por el bien de los dos. El caminó con la mirada perdida en el horizonte, siempre con el sol a su espalda, no soportaba la idea de volver atrás, el bienestar de los dos estaba de por medio, y cómo insistir si la única solución era el sufrimiento de la que amaba. No, preferible lastimarla ahora que hacerle un daño para siempre. Los dos continuaron su camino con una nueva esperanza en los labios. ___________________________________________________
Su vestido se mecía con el viento, dejaba que la brisa jugara con su cabello largo y dorado, contemplar ese edificio la hacía ver vulnerable, pero dentro de su corazón tramaba la más dulce de las venganzas. Un perro se acercó a su lado, olfateando su rodilla, tierno y juguetón, como cualquier can que ella haya conocido. Se agachó y acarició una de sus orejas, y decidió llamarlo muesca, sólo por diversión. Se preguntó si su dueño aparecería pronto, o si era uno de esos perritos callejeros que a la más leve señal de cariño no se van jamás de tu lado. No sabía que alguien la miraba desde lejos, esperando la oportunidad de acercarse y decirle hola por primera vez. Quien deseaba saludarla era el responsable de que nunca más pudiera ver a su alma gemela. __________________________________________________ Sintió la mirada cuando levantó de nuevo la vista hacia el edificio, incómoda, volteó a ver a su alrededor pero no vio a nadie, nadie digno de ver. Él estaba ahí, la miraba, dentro de su mente pensaba mil y una formas de acercarse, de hablarle y hacerse notar. El perro lo miró, los ojos del can formaban un cerco ineludible, se había encariñado con ella y la protegería de ahora en adelante, la protegería como su anterior dueño no había dejado que lo protegiera. Gruñó levemente cuando el hombre dio un par de pasos hacia ella, ella volteó, pero no vio nada. Acarició la cabeza del perro y luego le invitó a entrar en el edificio, a fin de cuentas ese era el único lugar que le quedaba para llamar hogar. _____________________________________________________________
Subió los peldaños de aquella vieja casona que la vio en sus peores y mejores épocas, el perro subió detrás de ella para evitar que la presencia los siguiera, o que pusiera la mano en el hombro de su nueva dueña. Al pasar el portal, los dos se quedaron inmóviles, quedando el uno como el guardian del otro. El espacio era tremendamente grande. prometo que si te pierdes, te buscaré le diviríó que hablara con el perro, pero le daba mucho gusto tenerlo como compañero improvisado. Por supuesto el movimiento de la cola no se hizo esperar, reiterando la promesa de buscarse el uno al otro, aunque esa promesa no había sido cumplido recientemente por otro mamífero de dos patas que no quería recordar. La escalera al final del vestíbulo dibujaba una sombra que estaba esperando este momento desde hacía mucho. La mano que pertenecía a la sombra luchaba por no dejar el barandal de la escalera, pero decidió esperar un poco más para ver que era lo que la chica hacía, después de tanto tiempo de no haber pisado esa casa. _____________________________________________
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