Estas épocas son difíciles cuando la tristeza está en tu corazón, simplemente porque quieres sentir un poco de apoyo, o porque quieres sentir que perteneces a algo.
Con razón se empiezan y terminan muchas cosas en esta época.
Muchas de mis conocidas, amigas y familiares, han decidido casarse en estas épocas, con lo que ha aumentado mi sentimiento de nostalgia.
No había sido tan grave, hasta hace unos días, cuando asistí a una boda en compañía de mis hermanos.
La ceremonia no fue especialmente dolorosa, quizá fue porque no soy muy espiritual, o porque en verdad no me importa, o no significa tanto para mi. Lo que en verdad dolió fue la primera canción que la pareja de novios bailó como marido y mujer. La bailaron con tanto sentimiento, que se vio reflejado su amor por todo el salon. El intercambio de parejas, los padres, los hermanos, los tíos, todos compartiendo la felicidad de ellos. Ahí fue cuando todo empezó, mi hermano y yo los vimos con reflejos de amores perdidos, con ilusiones en los ojos de que nosotros éramos los que balábamos, los que intercambiábamos parejas y quienes decían sí acepto, partíamos el pastel y demás.
No lloré.
Hice algo peor, empecé a tomar.
El calor hizo que todo fuera más fácil y que las cantidades aumentaran. Mala combinación para un corazón así.
Todas las chicas solteras nos reunimos al rededor de la novia para recibir lo que en casi todas las culturas significa una esperanza de una vida en conjunto.
Mi madre insistió en que debía de contarme entre esas chicas para completar con la tradición. Claro, tenía un truco muy efectivo que aplicaba todas las veces: me pongo hasta atrás para que as chicas se peleen por el ramo, y cuando aiga, no estar cerca de él.
Esta vez no funcionó.
Maldita sea.
Sin esfuerzo, sin siquiera pedirlo, el ramo cayó en mis manos como por arte de magia, sin empujones ni sorpresas. Solo... cayó en mis manos.
Intenté controlarme, pero el abrazo de mi madre y su sonrisa al decirme: ¿ya ves?, ¡encontrarás al amor de tuv ida!
Me fui al baño corriendo, y empecé a llorar.
No lo creía!!! Sé que es una exageración y algo sin importancia, pero días antes, le había dicho que en la boda que se llevaría a cabo en el hotel, debía agarrar la liga de la novia para que se casara con su chica.
Tonta.
Karma.
No sé.
Lo que tengo claro es que la caída del desamor solo prueba una cosa muy importante: La gente que te quiere siempre va a estar ahí para agarrarte.
SEXY EYES
THAU

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