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La Coctelera

Gotas de un libro

Los libros son como gotas que caen, irrepetibles.

15 Septiembre 2008

Una hora

Es invierno. Estoy en Ikebukuro. La gente inunda la estación. Estoy aburrida y decido llamar a Masaru. El telefono esta apiñado en una pequeña hilera que esta frente a unas escaleras electricas que conducen a otro piso lleno de tiendas o restaurantes, algunas estaciones de Japón son enormes, tanto que hay edificios departamentales dentro y estos a su vez son tan grandes que hay a la entrada de ellos chicas en puntos de informacion para indicarte como encontrar el area de perfumes por ejemplo, es casi imposible encontrar lo que buscas sin pedir ayuda. Me encantan las estaciones llenas de gente como Ikebukuro, es como un pequeño mundo dentro de otro, podria vivir en una estación si quisiera, tendria todo lo que necesito sin salir de ella. Ya dije que me encanta.

Hay demasiado ruido y me cuesta escuchar a Masaru por la bocina. Siempre que le hablaba me emocionaba y me latia el corazón rapido, esa sensacion me gustaba no se bien porque, quiza se deba a que no hize ningun amigo aparte de él. Su amable voz se deja oir entre el barullo de la estación.

-¿Puedes venir? -yo

Nunca nos veiamos sin anticipacion y no tenia muchas esperanzas de poder verlo.

-Mmmm... me tomara una hora mas o menos llegar, ¿Podras esperarme?

-Claro, te espero enfrente de la oficina de boletos de la JR*

-De acuerdo, Mata ne!

-Mata ne!

Colgamos. Son las seis de la tarde más o menos y aunque ya es algo tarde para vernos me parece bien. Es invierno, hace frío y no deseo pasear sola.

Salgo de la estación y los neones estan ya en todo su esplendor en las calles. Banana Yoshimoto dice en uno de sus libros que adora pasear por las noches en la ciudad. Y de verdad tiene su encanto, Tokio luce mas hermosa de noche que de día. Al mirar todos los anuncios, restaurantes y sobre todo los neones de los establecimientos sientes que hay mil oportunidades para ti en el mundo, que algo emocionante esta a punto de pasarte hoy.

Cruzo en dirección a una calle donde venden ropa. Miro sin cansarme la extraña-hermosa-rara-sin-gusto ropa japonesa, veo un pequeñito y adorable anuncio pintado con plumones donde muestran varias formas de anudarte la bufanda. Es invierno.

Camino sin dirección por las angostas calles cercanas a la estación, veo muchas camaras fuera de la tienda Sakuraya, me mido lentes de pasta gruesa en una pequeña tienda departamental, entro a una libreria de viejo y busco libros de arte de series de anime, son bonitos estan en perfecto estado y sobre todo son baratos. Me compro uno por tan solo cuatroscientos yenes. La bolsa de papel es hermosa y no se que me ha gustado mas, si el libro o la bolsa por ser gratis.

Solo ha pasado media hora.

En mi mochila llevo todo lo necesario para sobrevir a este frío que me cala hasta los huesos: Una bufanda, unos guantes grises hermosos que perdi estando aún alla, dinero suficiente para regresar a casa, agua, maquillaje y un termo.

Nunca antes experimente tanto frío y no puedo parar de asombrarme por el intenso frío que hacia pero sobre todas las cosas mi asombro recaia en ver a las chicas japonesas usando minifaldas y apenas una ligera media -si es que la llevaban- como protección para sus piernas. Y yo enfundada con un sueter, chamarra, bufanda y guantes -y aún con frio- las veo y las admiro.

Vuelvo a cruzar una gran avenida en direccion a un Macdonald´s, mientras espero a que se ponga en verde el semaforo una chica con una falda cortisima se pone a mi lado, cuando nos dan el siga ella me arrebaza y veo como un hombre se le acerca, cuando llegamos a un camellon el hombre le habla, le dice algo rapido la chica lo mira sin expresión alguna y se niega, camina rapido y el hombre se queda parado con una mano en el aire sin saber bien que hacer despues. Sin haberlos escuchado o entendido se lo que este hombre buscaba erroneamente en esta chica.

Miro dentro del Macdonald´s. Hay demasiada gente y decido que no quiero entar, sin muchas mas opciones económicas en mi horizonte advierto que hay una pequeña banca cerca de ahi y me siento para esperar ahi lo que falta de tiempo.

Saco de mi mochila el termo que llevo, como mis salidas fuera de casa eran casi por todo el dia me preparaba debidamente y para la ocasión llevaba preparado té verde con leche. Hace tanto frío que los dedos se me entumen y para colmo tengo que quitarme los guantes para abrir el termo, me gustaba ver como las puntas de mis dedos enrojecian.

Uno de mis recuerdos maravillosos es estar esperando a Masaru en esa banca por la noche, escuchando música en mis i-Pod, y bebiendo té verde con leche en mi termo.

Cuando abria el termo pequeñas nubes de aire blanco se arremolinaban en la tapa, tambien cuando sacaba aire por la boca. Era precioso, y el frío ya no me importaba.

La hora pasa, y camino de nuevo a la estación para encontrarle.

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*JR: Japan Railways, una empresa de trenes muy famosa en Japón que conecta practicamente a todo el país, aunque existen otras empresas que prestan el mismo servicio.

servido por gotasdeunlibro 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

sexy eyes

sexy eyes dijo

el post hasta me hizo sentir el frío que describes!!!! la conversación, la gente... todo debio haber sido tan perfecto...
en otros tiempos, con otras vidas

17 Septiembre 2008 | 10:22 PM

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