Hace tiempo que me ha perseguido una imagen que guardo desde pequeña, que no es placentera y que no he podido sacar por un miedo infantil al regaño.
Es gracioso como la timidez, y el miedo infantil pueden perseguirte hasta pasado muchisimo tiempo.

Esto lo pude confesar a mi madre y a mi hermana hace un mes, y todavía siento un poco de culpa, no es nada grave, tal vez es una visión de niños, pero se siente como una carga, y quieres encontrar a las personas para preguntarles ¿Estas bien?

Ocurrió así:

Cerca del pueblo de mi madre, hay una ciudad grande, y ahí vive un tío lejano (el clásico) que tiene una casa enorme y que tiene todo lo que un niño puede desear, desde juguetes, alberca y un brincolín (al que por cierto nunca me dajaban subir con los niños porque una vez lastimaron a mi hermana... bueno, después me compraré uno, y lo disfrutare sola, jo, bueno, al punto) En esa casa, convivíamos los primos más chiquitos cuando los adultos hablaban de cosas de adultos, escudriñando rincones y aventurándonos en las barrancas que estaban cerca de la casa, con sus senderos rocosos y polvorientos, en los que los perros callejeros deambulaban buscando comida y diversión con los niños que los acariciábamos y jalábamos de las orejas (afortunadamente nunca nos mordieron, o nos pasaron sarna, siempre nos dejaban cabalgarlos como ponis mansos).

Esa tarde, me separe del grupo de primos porque tarde mucho en terminar mi comida ( mi madre decía que la excusa que ponía era que me cansaba mucho al masticar y que era un poco remilgosa, pero esa tarde, la carne y las verduras debían desaparecer de mi plato, o nopodría jugar), entonces, salí a buscarlos para cometer la siguiente travesura, habíamos estado hablado de la oportunidad de crear un taller de herramientas de madera, claro con las preciosas cajas de los discos de mi tío, antiguas como ellas solas, o desgarrar algún vestido para convertirlo en capa, claro, con la versión del perro callejero, al cual le daríamos super poderes...

No podía encontrarlos por ningún lado, el único lugar que me faltaba eran las barrancas, así que mi muñeca y yo (aún no recuerdo porqué traía esa muñeca en las manos) nos dispusimos a encontrar a los compañeros de vida. Bajé con ciudado la laderita que separaba la casa de la barranca, porque aquella vez los pantalones ya me quedaban un poco cortos, y mis piernas (cenizas como todo niño que se precie de arrastrarse por el suelo sin el mayor cuidado) podían lastimarse fácilmente con las piedras que en ese momento me parecían filosas como piedras. Al llegar al sendero que separaba las barrancas, pude verlos a la distancia, ya disfrazando al perro en turno, y como soy un poco "atrabancada" diría mi madre, solté a correr hacia ellos, pero en ese momento, perdí mi muñeca, la había dejado caer en el medio del sendero, y claro, sin ella, como sustituto de varita, no podía tener poderes mágicos, entonces regrese por ella. Al tomarla, escuché un sonoro "cuidado!", alcé la vista como venado asustado, y ví a un ciclista ir hacia mi con mucha velocidad, doblando el manublio de la bicicleta para adivinar hacia donde me dirigiría para evitar chocarme.

Claro, como la niña que era, los reflejos no son tan rápidos (y menos los míos) y me quedé tambaleándome en medio del sendero, cerré los ojos fuertemente, y abrace ami muñeca para que el golpe no fuera tan feo. Espere. el ruido del derrape de las ruedas era muy fuerte, y podía sentir en mi nariz el polvo que levantaba el rápido frenado.

Nada, no sentía dolor alguno. Abrí los ojos, y voltee hacia el final del sendero, y vi una bicicleta torcida y un casco tirado. Mis ojos se abrieron muchisimo, pero de mi boca no salió ningún sonido. Ya las lágrimas habían empezado a salir. Hacia mí se dirigía un joven (adulto a mis ojos de niña) lleno de raspones y tierra, con el pelo largo revuelto y los guantes de ciclista escurriendo en sangre.

Me tomó por los hombros y me preguntó ¿Estas bien?, ¿Te pasó algo?. Su voz era un tanto deseperada, y cuando eres niño ( o al menos a mí me pasaba, que cuando utilizan un tono de voz así, te paraliza) solo alcance a negar con la cabeza con las lágrimas en las mejillas. Voltee a ver sus rodillas llenas de tierra mezcladas con sangre y mire de nuevo sus ojos. Me abrazo como si el hecho de que estuviera bien le hubiera dado consuelo y me dijo - Ten cuidado.
El polvo se quedó en mi camiseta y en mi cabello mientras lo veía acercarse a su torcida bicicleta para alejarse caminando.

-Necesitamos tu varita!!!- Las voces de mis compañeros de juego se escucharon, no se habían dado cuenta de nada, y el momento en que me quedé contemplando a un extraño salvarme de una imprudencia mía, había pasado. Convertí al perro en un caballo y una cuerda de saltar en cadenas mágicas.

Tiempo después me desperte pensando en aquel chico, que no me regaño, no grito, ni mencionó sus daños y heridas, solo preguntó ¿Estas bien? sin importar nada. Espero que él haya estado bien.

SEXY EYES
THAU