Es verdad que tuve la suerte de ser arrastrada por Thau hacia esta exposición, y que, por desgracia, loli pop no pudo asistir. La exposición había pasado desapercibida por completo a mis intereses, estando dentro de un muy pequeño y autónomo museo, no había podido ser víctima de su publicida;, por suerte Thau pasa a menudo por ahí y fue capaz de sufrir de suficiente curiosidad y hastío laboral como para entrar.

La primera sensación es de desesperación. Pero aclaremos antes que el museo se apropió de una vieja iglesia, y sus exposiciones se colocan a lo largo de la nave central, capillas laterales y hasta habitación que anteriormente pertenecieron al párroco así como el coro -donde, les adelnataré, estaba la pieza más ingeniosa, ya que se apreciaba desde luzabajo como desde arriba- esto, y la exposición, hicieron que fuera una delicia para la vista aquella visita. Como les decía, la primera sensación es desesperación, debido a que uno entra a un lugar en tinieblas y desconocido, amén de tener que encontrar la credencial y el dinero cuando aún no están acostumbrados los ojos a tal penunmbra, todo ello hicieron que, de inicio, sintiera desagrado por aquel lugar.

Una vez traspuesta la puerta de entrada, la recepcionista, el guarda cosas y una segunda puerta de vidrio, permanecí quieta, no estaba segura de poder dar pie seguro en aquel lugar sin matarme, o al menos tropezar y rodar por escalones asecendentes o descendentes -como seguramente Thau recordará que puedo hacer, digamos, en un auditorio vacío y con luz plena .

Así que cuando hube logrado acostumbrarme a la penumbra, antes que cualquier juego de luz busqué el método que habían empleado para mantener obscura una construcción tan larga, y con sorpresa veo que han colocado cartones pintados de negro en las ventanas -que, como buena iglesia pensada para el refugio de sus feligreses, están a más de dos metros de altura, lo que facilitó la tarea de obscurecer el lugar.

Todo los demás lo conocen por Thau, espejitos, lentes, el calamar gigante que, más que molestarme, me decepcionó, pues era un juego de papel y viento, nada que ver con la luz... A parte de que hacía un ruido espantoso...

Sin emabrgo, no todos percibimos lo mismo. Para mi la exposición está muy asociada con el agua, todo el lugar era un enorme cuerpo de agua en el que la luz reflejaba caprichosamente, incluso, en la obra en la que podías recostarte y mirar al techo donde se reflejaba todo, incluso esa pieza me recordó estar flotando en el mar, viendo la luz del sol reflejada en una nube obscura... No creo que sea en sí la idea de agua, creo que específicamente era un mar o un río, algo en movimiento, porque esa es la sensación que la exposición me dejó: un sutil movimiento de mi entorno.

Sea como sea, muchas gracias Thau por llevarme. Fue una de las experiencias más gratas de mi vida.