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La Coctelera

Categoría: Wikinovelas

Wikinovela Thau-Loli pop-Haydee Sharaa (2)

Lo primero era lo primero, yendo de acá para allá abrió todas las cortinas del primer piso, especialmente las del estudio. Le fascinaba aquel lugar, tapizado con los libros que hasta ahora la habían acompañado, las ventanas con esos suaves cojines donde había tenido tantas aventuras, el escritorio al centro, lleno de plumas y papeles, en los que anotara lo que le había llamado la atención de cada libro. Allí, a lo largo de los años, se había forjado su personalidad, su corazón y finalmente su oficio. Los libros que la envolvían en esas cuatro paredes reflejaban muy bien el hecho de que envolvieran su actual vida. _____________________________________________________

La luz que llenaba aquel lugar le recordaba sus años de lucha contra opiniones absurdas y declaraciones dañinas. Ahora, al contemplar de esta manera su pasado, se concentraba en lo que quedaba por delante. Este será ahora el lugar donde empecemos de nuevo se dirijió de nuevo al can que la había acompañado.Eres demasiado bueno, pero todavía no se si dirijirme a ti como lanudito o patitas alegres, pero ya lo decidiré despues La nariz del perro se movió en señal de diversión, contemplando la recién adquirida alegria de su dueña, a pesar de que momentos antes, la desesperación estaba surgiendo en su rostro. La alegria de los dos podía palparse en el aire. ____________________________________________ Se sentó en uno de los divanes cercanos a las ventanas, el can se enrolló bajo el divan y recargó su cabeza en sus patitas delanteras. Ella tomó el últmio libro que dejara marcado y seguió la lectura. Las letras se sucedían con velocidad ante sus ojos, hasta que estas desparecieron, ahora estaba allá, muy lejos, quizá estaba surcando los mares, quizá se encontraba volando sobre un ave enorme y multicolor, lo que fuera hacía que su sonrisa se ensanchara poco a poco, la luz de sus ojos fuera aumentando, todo en ella fuera reflejo de calma y paz. El can lo percibía, su rostro parecía sonreír también, con esa paz que emanaba de ella, cerró un momento los ojos, atentas la orejas a esa nueva casa desconocida para él. El tiempo se sucedió lentamente, la luz natural fue disminuyendo, y sólo eso pudo hacer que ella regresara a este mundo. Jamás se dio cuenta de la sombra que leía sobre su hombro, dichosa de verla sonreir, dichosa de tenerla de nuevo junto a ella.

Realmente nunca se había ido de aquel lugar, había regresado muchas veces con él, aquel hombre que decía quererla y que ahora la obligaba a refugiarse en los libros de nuevo, tratando de evitar el dolor de su pérdida. Ella miraba al techo, el libro sobre su regazo; parecía meditar profundamente lo que había leído, la sombra sabía que en realidad pensaba en los acontecimientos de aquel día. Con mano suave acarició su cabello, ella pareció sentirlo y subió los ojos hacia su frente, no, aún no podía verlo. La sombra suspiró, luego se sonrió, la paciencia era algo que había ido en aumento desde que aquel máldito brujo lo maldijera, pronto, algún día, ella lo vería y la maldición se rompería, no sabía bien como debía lograrlo o porque tenía tanta fé en esta mujer, sólo sabía que ella sería quien lo sacara de aquella obscuridad, tan cierto como sabía que la mujer se decidiría por Patitas Alegres para el can. _____________________________________________________

La naciente oscuridad que envolvía la casa lentamente la hizo salir de las cavilaciones en las que se encontraba, las letras de los libros se volvían borrosas y eso la hizo levantarse del divan para encender la luz. Patitas Alegres alzó sus orejas al percibir el nuevo movimiento de su dueña. Ella lo volteó a ver con una sonrisa juguetona. Espero que este lugar te guste, es un poco frío por el invierno, pero divertido para jugar a las escondidas. Se encaminó hacia la enorme escalera que descubría dos nuevos pisos, listos para satisfacer la curiosidad de cualquier detective, y deteniéndose al pie, suspiró, apoyó una mano en el barandal y juntó todas sus fuerzas para subir aquella escalera que había sido testigo de sus más recientes vivencias. Un pie se sucedió al otro, y el perro, feliz de contar con un nuevo ejercicio, se adelantaba y daba pequeños saltitos para alcanzar la mano de su protectora. Se detuvo en el primer descanso y como si una fuerza extraña la condujera, se dirigió hacia un cuarto que antaño sirviera como escondite y testigo de los besos más dulces que había probado. Extendió la mano para encender el interruptor de luz, y lo que vieron sus ojos la sorprendió. Todo estaba como lo había dejado tiempo atrás, los muebles estaban tan limpios y relucientes como si hubiera sido el día anterior el que hubiera dejado la casa, no había polvo, ni telarañas. Hasta podía jurar que había música en el aire. _______________________________________________ Una suave melodía acompañó sus pasos que recorrían con suavidad la habitación, había algo de tenebroso en el hecho de que todo se mantuviera en excelnet estado y, al mismo tiempo, había algo de fascinación en sus ojos al examinar lo que la rodeaba. Patitas alegres estaba no menos feiz que su dueña, husmeaba de un lado a otro de la habitación y, en cierto momento, le pareció a ella que bailaba al son de la música que creía escuchar en el aire que circulaba por la habitación. Se detuvo ante la cortina de tafetán rojo que evitaba que la luz de la calle de infiltrara en el cuarto, una especie de purificador de la realidad, como alguna vez le dijera a él... ¡De nuevo él! Olvidar siempre era lo mejor, pero costaba tato trabajo hacerlo. Cerró los ojos, apretó dos dedos contra ellos y reprimió una par de lágrimas de rabia. A partir de ahora se dijo él pertenece al pasado, se irá y jamás volverá a mi mente. ________________________________________

Wikinovela Thau-lolli pop- Haydee Sharaa

Yacía a su lado en la cama... _______________________________________________________________

Esa sería -ella lo sabia muy bien- la ultima vez que harían el amor. No supo qué sentir en ese momento, lo intuía de manera contundente y aún así no sintió ninguna emoción, era como si ese momento se congelara, o lo abarcara todo, como si durara una eternidad. Así lo sintio. Se recostó sobre las sábanas rojas y no pensó en nada, sólo dejó que sus sentidos llenaran todo, llenaran lo más que pudieran ese vacío que sabía que despues sentiría, que llenaran todo para que después con ese recuerdo se consolara y pudiera cerrar las heridas. No pensó en nada, simplemente lo observó, sonrió y cerroólos ojos mientras se daban un largo beso. ____________________________________________________________ Cuando abrió los ojos lo abarcó todo con la mirada, las paredes pintadas de negro, las cortinas de rojo satín que hacían juego con las sábanas, ningún otro mueble en la habitación, la cama al centro era lo que importaba. Sobre la cama vio el candelabro, sentía que giraba lentamente, hacia una dirección y luego hacia la otra, el reflejo de los múltiples cristales le daban la sensación de flotar. Se dejó llevar por aquell sensación, con la vista fija en esos reflejos sinitó que flotaba suavemnete hacia el cuarto siguiente, el inmenso baño de marmol con la tina octagonal, donde tantas veces habían jugado a ser romanos. Qué juegos... simpre con un toque de locura y otro poco de realidad. ____________________________________________________________

Recostados en la cama, ninguno de los dos se atrevía a moverse, tenían presente la presencia de cada uno, los pliegues de las sábanas enrolladas en sus cuerpos desnudos eran testigos de la pasión que acababa de pasar. Ella movió un poco su mano acercándose a él. Curiosamente él hizo lo mismo. Se encontraron a media distancia, con el candelabro como testigo mudo de las ganas de quedar ahí, exhaustos y felices para siempre. Rozaron con suavidad sus dedos, acariciandose el dorso de las manos, los dos se pintaron una sonrisa en el rostro, sonrisa que se tornaría en una mueca de añoranza, y aún sin atreverse a mirar a los ojos, esa cosquilla de pasión resurgía en los dos, con la tristeza de saber que el tiempo, el precioso tiempo se acababa. ____________________________________________________________ Esto era hermoso para cada uno de ellos, se sentían dichosos y por primera vez ella entendió que aunque ya no lo tendría a su lado tendría todas estas sensaciones en su interior, llenandola, llenando cualquier vacío que pudiera presentarse en su vida. Viviría de ellas y haría más fácil la despedida. Sería su último detalle hacia él. Las caricias continuaron, él la miraba intensamente, la extrañaría, eso era seguro, y no podía ocultarlo de sus ojos. Una última sonrisa, un último beso, un último abrazo y la despedida. No hubo palabras, no hubo frases hirientes ni de disculpa. Sólo se vieron a los ojos, tomaron sus cosas y, al salir de la casa cada uno tomó la dirección opuesta. ____________________________________________________________

Ella caminó con una sonrisa triste en el rostro por media hora antes de saber dónde estaba. El recuerdo de aquellos momentos quedaría grabado en su corazón por siempre, y nadie podría quitárselo nunca. Sentía cosquilleos en todo su cuerpo cada vez que recordaba sus caricias, y en el último recuerdo, alzó la vista para encontrarse en el lugar de siempre... Cómplice de todos sus encuentros, amargura del corazón que los unió y que tenía que separarlos por el bien de los dos. El caminó con la mirada perdida en el horizonte, siempre con el sol a su espalda, no soportaba la idea de volver atrás, el bienestar de los dos estaba de por medio, y cómo insistir si la única solución era el sufrimiento de la que amaba. No, preferible lastimarla ahora que hacerle un daño para siempre. Los dos continuaron su camino con una nueva esperanza en los labios. ___________________________________________________

Su vestido se mecía con el viento, dejaba que la brisa jugara con su cabello largo y dorado, contemplar ese edificio la hacía ver vulnerable, pero dentro de su corazón tramaba la más dulce de las venganzas. Un perro se acercó a su lado, olfateando su rodilla, tierno y juguetón, como cualquier can que ella haya conocido. Se agachó y acarició una de sus orejas, y decidió llamarlo muesca, sólo por diversión. Se preguntó si su dueño aparecería pronto, o si era uno de esos perritos callejeros que a la más leve señal de cariño no se van jamás de tu lado. No sabía que alguien la miraba desde lejos, esperando la oportunidad de acercarse y decirle hola por primera vez. Quien deseaba saludarla era el responsable de que nunca más pudiera ver a su alma gemela. __________________________________________________ Sintió la mirada cuando levantó de nuevo la vista hacia el edificio, incómoda, volteó a ver a su alrededor pero no vio a nadie, nadie digno de ver. Él estaba ahí, la miraba, dentro de su mente pensaba mil y una formas de acercarse, de hablarle y hacerse notar. El perro lo miró, los ojos del can formaban un cerco ineludible, se había encariñado con ella y la protegería de ahora en adelante, la protegería como su anterior dueño no había dejado que lo protegiera. Gruñó levemente cuando el hombre dio un par de pasos hacia ella, ella volteó, pero no vio nada. Acarició la cabeza del perro y luego le invitó a entrar en el edificio, a fin de cuentas ese era el único lugar que le quedaba para llamar hogar. _____________________________________________________________

Subió los peldaños de aquella vieja casona que la vio en sus peores y mejores épocas, el perro subió detrás de ella para evitar que la presencia los siguiera, o que pusiera la mano en el hombro de su nueva dueña. Al pasar el portal, los dos se quedaron inmóviles, quedando el uno como el guardian del otro. El espacio era tremendamente grande. prometo que si te pierdes, te buscaré le diviríó que hablara con el perro, pero le daba mucho gusto tenerlo como compañero improvisado. Por supuesto el movimiento de la cola no se hizo esperar, reiterando la promesa de buscarse el uno al otro, aunque esa promesa no había sido cumplido recientemente por otro mamífero de dos patas que no quería recordar. La escalera al final del vestíbulo dibujaba una sombra que estaba esperando este momento desde hacía mucho. La mano que pertenecía a la sombra luchaba por no dejar el barandal de la escalera, pero decidió esperar un poco más para ver que era lo que la chica hacía, después de tanto tiempo de no haber pisado esa casa. _____________________________________________

.......

Contemplar un Adiós Shara

El tren se aproxima, los pies tiemblan, el estómago da vueltas y la cabeza pesa mucho, todo esto es lo que debe combatir para subir al tren, para continuar con un destino que parece trazado pero que muestra una providencia no muy planeada. Sin embargo, paso a paso, aparentando que nada sucede en su cuerpo, que nada duele, logra poner un pie en el primer peldaño, luego en el siguiente y así, lentamente, desliza un pie frente al otro hasta que entra en un pequeño camarote. Sin fuerzas, se deja caer en el camastro. El sudor ha perlado su frente y mojado su ropa, la respiración es agitada y el pecho jadea rápidamente. Los ojos, cerrados, le proyectan más y más imágenes vertiginosas, gente gritando, niños abandonados, carros destrozados, imágenes que cualquier guerra presenta a sus espectadores pasivos. Luego nada, el verde, las plantas que florecen sobre los restos que quedan, no hay más humanos a la vista, tampoco animales, sólo seres vegetales que colorean su vista. ____________________________________________________________

El movimiento del tren empieza a hacerse presente, no tiene el valor para abrir los ojos todavía, el suave vaiven la tranquiliza un poco, recostada, con una mano sobre la frente y una pierna colgando del camastro decide reponerse para poder contemplare el viaje en el tren que la lleva a su destino. Abrió lentamente los ojos y contempló el techo del camarote donde se encontraba. Aferró un poco más la pequeña bolsita que era su única compañera de viaje, crujió un poco por las cosas que traía consigo, unas pocas hierbas, unas anotaciones, y muchas golosinas que disfrutaría, eran una deliciosa distracción que la acompañarían en un breve paseo que estaba decidida a tomar para distraer su mente. El pasillo era un poco estrecho y se bamboleaba un poco, dejando poco espacio para caminar, pero estaba decidida a respirar un poco de aire fresco. _________________________________________________

Los recuerdos que tenía siempre quedarán en su memoria plasmados con una sonrisa,

¿Le dijo que lo amaba?

¿Le recordó que aunque no volvieran a verse nunca más, mirara a las estrellas para darle un beso con cada una de ellas?

Ahora ya no importaba, tenía que regresar y lo haría para siempre. El paisaje era lo único que la acompañaba

Haydee Sharaa

La última vez que le vi fue en la estación de trenes, vi cómo se alejaba lentamente; su cabeza, a través de la ventanilla, sobresalía del tren y miraba hacia la estación. Ninguna mano se agitaba. _______________________________________________________________

Contemplar un Adiós (3)

Los días se sucedieron con calma. Desde aquel día en que la bruja le había mostrado aquellas imágenes, su corazón no podía tranquilizarse. A veces pensaba que hubiera sido mejor no saber por qué lo había perdido, a veces se reprochaba esta cobardía y decidía enfrentarse a la situación, lo alcanzaría, lo acompañaría en todo lo que fuera necesario, estaría allí, con él, como una compañera, no podría ser su guía, pero al menos no sería su carga. Lo pensaba y los días se sucedían lentamente.
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Lo más dificil es tomar una decisión, pero se siente correcto cuando la tomas con el corazón. Esto es lo que venía repitiéndose en la mente desde que tuvo aquellas visiones con la bruja. No estaba tranquila con solo saber que era lo que pasaría, tenía que tener una respuesta, quién, por qué, cómo, por qué él y no ella, quién había sido el artífice de todo aquello.
Sabía que la mente se le vaciaba con tantos pensamientos, y que no podía quedarse ahí, esperando a que las cosas pasaran, nunca había sido así, y este no era el momento de empezar.
Ahora la difícil decisión. Qué llevaría, una maleta, solo un bolso, tardaría demasiado en encontrarlo, llevaría zapatos, tenis... Estos pensamientos sin sentido y llenos de superficialidad le apartaban de la mente la decisión que ya había tomado.
Así que preparó todo para el viaje, y se decidió sin remordimientos.
Al prepararse para partir, la bruja estaba de pie en la escalera, como si aquel fuera ya un lugar común para las discusiones del corazón.
sabía que te irías
Se que lo que dijiste era para avlarar mi corazón y salvarme de las tinieblas que lo rondaban, ahoira estoy bien, muchas gracias por tus cuidados. las dos se encontraron en un abrazo cálido que pareció durar siglos para sus corazones.
ahora tengo que partir
Agarró su bolsa, que era lo que a último momento decidió llevar, y se encaminó hacia la estación donde hacía unos días atrás había contemplado un adiós.
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El próximo tren saldría en dos horas, el tiempo pasaría largamente ahora que sabía que iría hacia él. Su corazón palpitaba con desesperación, pero su cerebro mandaba miles de ideas al unísono. ¿Dónde le encontraría? ¿Cómo lo buscaría? Había sido tajante la decisión de separarse, tan así que se había marchado sin dejar una sola dirección para volver a verse. Pensar en eso le hacía daño en el estómago, las nauseas y el vértigo acometían con fuerza, entonces, apretaba el bolso contra el pecho y miraba a lo lejos. Sabía que no se arrepentiría, estar ahi, en la estación, era una decisión ya tomada, no le apremiaba ninguna duda para quedarse en el pueblo, ni siquiera el miedo de ir a aquella ciudad y enfrentar un mundo nuevo y desconocido, al final de todo aquello estaría él, y eso era todo lo que necesitaba para sonreir de nuevo.
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El destino estaba fijo, era la única manera de aclarar sus sentimientos, además era reconfortante al menos saber eso, ya que no sabía qué iba a hacer cuando lo viera de nuevo a los ojos, o si siquiera podría encontrarlo, así que decidió que utilizaría todos sus dotes detectivescos para dar con él. De algo estaba segura, lo encontraría, siempre lo había hecho, aún en las situaciones más desesperadas, así que decidió distraer ese pensamiento de su cabeza, y concentrarse en el tren que llegaría, no sin un largo rato de espera.
Estaba acostumbrada a pasar largos periodos de tiempo de pie, así que empezó a sorprenderle la curiosidad que el anden había despertado en ella, como si no lo hubiera notado antes al estar aqui hace unos días atrás.
Empezó a fijarse en todos los detalles del lugar, las entradas, las salidas, y todos los pasajeros que se suponía llegarían a algún lado por este medio. De pronto la asaltó el recuerdo de la gente desapareciendo ante una luz enceguecedora. El mareo vino de nuevo en su cabeza, y esta vez estuvo a punto de caer, ya que no había esta vez una pared que la detuviera, o una mano amiga que le ofreciera consuelo.
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Se alejó del andén que amenazaba con tragársela, y se refugió en la pared más cercana que encontró, no estaba segura de cuales eran sus sentimientos, la confusión la había embriagado desde el mismo momento que había contemplado esas imágenes tan horrorosas, la gente gritando, desapareciendo. Lo que más le confundía era la extraña calma que le había dado el contemplar la completa quietud de la tierra sin gente que pudiera cruzar el silencio eterno con la voz... Esos sentimientos eran los que tenía agolpados en la mente y ellos eran los que le hacían dudar de las primeras palabras que le dirigiría a esos ojos que no tuvieron la suficiente compasión para confiarle su misión.
El mareo se hacía cada vez mayor, y tenía que sentarse un momento, sino, tenía en riesgo de caer en el medio del anden y dirigir las miradas hacia ella, y no podría soportar una palabra que le ofreciera consuelo, no todavía, no cuando no había tocado la mano de quien amaba.
La respiración se hacía más agitada, pero lograba controlarla con pericia hasta que vió el tren acercarse para llevarla al destino donde encontraría a su verdugo o salvador. Atreverse a subir a ese tren era lo más difícil que podía hacer en ese momento.
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Contemplar un adiós (2)

Despertó en su cama. Cuando abrió los ojos no pudo reconocer dónde estaba; el calorcito reconfortante de las cobijas le invitaba a seguir debajo de ellas, ajena a lo que había a su alrededor. Pero recordó que había estado afuera, en la lluvia, el frío, la desesperación... Recordó el último abrazo, luego la obscuridad. Lentamente sale de las cobijas y se mira en el espejo, se ve más pálida y cansada, alguien le había quitado las ropas humedas y dejado en ropa interior. Su cuerpo era esbelto, ahora se veía flaco, encorvado por la pena de la despedida. Un extraño olorcito hizo que se apartara de su contemplación, olía a café, café recién hecho y calientito, y el olor subía desde el piso bajo, desde la cocina. Así que aun estaba en su casa quien quiera que la había metido a la cama. Abrió un resquicio de la puerta y se asomó, abajo se oia el trajín de un cocinero y comenzaba a oler a pan frances. El estómago le gruñó, el hambre no se había ido, sólo se había agazapado por unos días.
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Le causaba un poco de gracia que el olor a comida la hubiera despertado, la luz que entraba del otro lado de la puerta iluminó su sonrisa torcida. Decidió no salir todavía, el olor a café le decía que era seguro salir, después de todo aquella persona la había rescatado de una neumonía segura, y aunque no recordaba nada, estaba segura que su desnudez era motivo de alerta. Pero la curiosidad era más grande, además, cómo perderse la oportunidad de enfrentarse a un héroe o a un villano, no eran cosas nuevas para ella, y todavía le resultaba divertido.
Decidió quitarse la ropa interior, todavía húmeda, y quedarse desnuda debajo de la bata color rosa de seda, regalo excepcional de las regiones orientales de aquel amor a quien le había dicho adios momentos antes.
Al abrir la puerta con un ligero rechinido, la luz penetró por completo en la habitación, iluminando su contorno grácil. Sus pies, bien plantados en el suelo, empezaban a dejar escapar un ligero temblor que rehusaba el movimiento hacia las escaleras, pero su mente logró dominarla y emprendió el camino hacia el café y el pan francés.
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Los peldaños crujían bajo sus pies, cada paso hacía que su corazón se acelerara. No era alta la escalera, pero el tratar de bajar en silencio le llevó varios minutos, el último escalón lo bajo con más precaución que el resto del trayecto. El piso de abajo estaba alfombrado de un suave color rojo, le gustaba cómo se veía ese color a lo largo de la escalera; él solía decir, cada vez que bajaba la escalera, que ella caminaba como una estrella famosa sobre la alfombra roja. Aquella broma era la razón por la que nunca habían cambiado el color de la alfombra. Dudo un momento, se detuvo aisalda de este mundo por sus pensamientos, volvió a ver sus ojos claros, llegó a sus oídos esa risa franca, tan feliz. Sintió que sus piernas temblaban de nuevo, sin pensarlo alzó su brazo y se detuvo de la pared, el cuarto comenzaba a dar vueltas y su cabeza parecía a punto de estallar.
-¿Piensas entrar o detendrás infinitamente la pared en una bata de seda?- la voz hizo que aquello se detuviera. Con pasos vacilantes avanzó hasta la puerta de la cocina y la vio. Aquella viejecita le miraba dulcemente desde media cocina, el delantal puesto, la cuchara alzada amonestándola por la tardanza. Era ella, la bruja de la aldea.
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La sorpresa la tomo desprevenida, era cierto que ella era la última presona que esperaba encontrar al pie de la escalera, pero así le daría tiempo de ordenar sus pensamientos. Trato de recuperar el aliento y la compostura lo más rápido que pudo y con una sonrisa sincera se dirijió a ella. Pienso que deberíamos tomar una taza de café con una rebanada de pan Sus miradas se cruzaron con alegría, hacía tiempo que no la veía, y le daba un verdadero gusto que ella la hubiera rescatado. Todavía le asombraban sus poderes, aún desde la última vez que pudieron tomarse de las manos. Se acercó a la mesa y descansó sobre una silla, delante de la cual la taza humeante le resultaba tan tentadora. La viejecilla dejó dos platos llenos del delicioso pan, uno en frente de ella y el otro para deleite personal. Aún con los platos servidos, y las dos sentadas en lugares opuestos, las miradas no dejaron de reflejar angustias y poderes más viejo que el tiempo.
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-Veo que no te ha ido muy bien, mi niña- la bruja habló primero, las miradas habían durado demasiado, ella comenzaba a preguntarse que hacía aquí esta viejita.
-No- cortante y sencillo, primero había que aveirguar qué hacía en la casa esa mujer.
-A lo mejor podemos solucionarlo- ella asintió suavemnte, dio una mordida al pan francés y se sintió mejor, la comida calentaba su pecho camino al estómago, un trago de café y la misma sensación hizo que se relajara aún más.- Eso, come, come, te sentirás mucho mejor, la comida es uno de los elemntos de la vida más importantes, nunca dejes que ella se aleje de tí, la necesitaras a lo largo de todos tus años de vida.
-Esto no es vida- susurró por debajo ella, las lágrimas amenzaron con volver a los ojos, un trago más de café impidió que salieran, la cabeza gacha impedía que la viejita se diera cuenta, al menos eso esperaba.
-Vamos, vamos, que no he venido sino para ayudarte- dijo y empujó otro plato con pan francés sobre la mesa- come, come.- Ella la miró ¿habría algún peligro? No, recordaba que la última vez le había ayudado, y no se sentía amenzada por ella, aún así, era extraño que estuviera allí, en su cocina.- Nada, nada, no pasa nada, no he venido sino para decirte algo importante...
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El pan francés estaba exquisito, no recordaba haber probado algo tan suculento desde hacía tiempo, tal vez era el hambre que la había atacado, o la pequeña felicidad que la bruja le había dado al rescatarla , pero estaba segura que aquella comida iba a ser recordada con cariño.
Al terminar los panes, tomó un poco más de café y posó su mirada en la bruja, invitándola a la conversación pospuesta por el pequeño banquete.
-Siento que tu corazón esta roto, ¿verdad?
El recuerdo la asaltó tan de repente que dejó la tasa de café a un lado y se contempló las manos, buscando una respuesta que no fuera, si, y me encuentro en una soledad terrible, pero no la encontró. La bruja siguió.
-Sabes que estos no son tiempos buenos, que éstos se fueron al partir el tren al que despediste con un trozo de tu alma.
-De eso estoy segura, por eso partió, para alejar la oscuridad, ¿no es así?
A veces lo que pensamos no es lo que sucede niña mia. Déjame mostrarte
Con un movimiento de su mano, el cual ella recordaba tan vívidamente, pues tantas veces lo vio realizar para descubrir verdades ocultas por el más profundo de los silencios, envolvió su mente con firmeza para mostrarle las cosas como ella las contemplaba.
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Las imágenes dentro de su cabeza se sucedían con velocidad, iba volando sobre el tren, aquel tren que había despedido, el vuelo era rápido, el tren iba rápido; luego llegan a una enorme ciudad en la que miles de gentes vagan de un lado a otro, como pequeñas hormigas, entonces todo comienza a derruirse, los altos edificios caen sobre las gentes y las aplastan, las gentes corren de un lado a otro atropellándose entre si, surgen llamas de fuego de las calles, coches volcados, cables caídos... la ciudad se destruye. La imagen gira a su alreddedor hasta que pierde los contornos de las cosas, luego empieza a ver una mancha verde, el mundo deja de girar y ve ruinas, trozos de edificios, calles, coches, casas, ya no hay seres humanos, todas las ruinas están cubiertas de vegetación, las aves trinan y el sol alumbra de nuevo... todo es pacífico.
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Contempló la escena con la luz del nuevo sol en el rostro, podía escuchar la enormidad del silencio a su alrededor como si el tiempo no hubiera pasado, ni siquiera un segundo desde que los hombres pisaron aquel suelo en donde ahora ni los escombros podían verse. El resplandor verde se apoderaba de nuevo de sus pensamientos, sabía lo que significaba, tantas veces lo había sentido pasar, era la señal de regreso al lugar donde la esperaba la taza de café a medio terminar. Su cabeza le dio vueltas un segundo, acostumbrarse a la realidad era duro, sobre todo al sentir el contacto de la mano de la bruja en la suya. Sus miradas se cruzaron, las lágrimas asomaron como era de esperarse.
La confusión en su rostro era evidente, qué era entonces por lo que había luchado tantas veces a su lado, consolando a las almas de verdadera pureza y destruyendo a tiranos y desalmados, ahora se preguntaba si era voluntad, desafío al destino o una mera jugarreta para que, lo que acababa de ver, se cumpliera al pie de la letra.
-¿Es eso a lo que va?- la voz de la chica salió de un nudo en la garganta tan fuerte que sólo dejó salir un hilo de voz.
-si la bruja bajó los ojos por ello es que tu no fuiste elegida, por lo que sientes en este instante los ojos de ambas se cruzaron en un duelo interno, sin furia, solo desentendimiento, lo que fuera que pasaría, ella lo sabía desde un principio y por un oscuro secreto, le impidió saber la verdad.
-Hubiera tratado de entender- la voz se llenó de reproche
-¿Hubieras ayudado?
La sorpresa en su rostro la confundió, no sabía la respuesta a esa pregunta, pero sabía lo que había en su corazón.
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Contemplar un adiós

La última vez que le vi fue en la estación de trenes, vi cómo se alejaba lentamente; su cabeza, a través de la ventanilla, sobresalía del tren y miraba hacia la estación. Ninguna mano se agitaba.
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Nuestras miradas, vacías de esperanza, se encontraron, la lenta marcha del tren hizo aún más agonizante la partida. Dentro de mi alma añoré que el destino nos uniera de nuevo, aunque fuera en circunstancias más difíciles, lo que fuera para ver de nuevo esos ojos que se alejaban de mí cada vez más.
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No puedo recordar cómo entró en mi vida, ese momento fugaz de mi tiempo se ha borrado de mi memoria. Pero ahora, viéndolo partir, me doy cuenta de cuánto me duele no tenerlo más, de cuánto es parte de mi vida en este presente que llora. Se va, quisiera estar loca y gritar con todas mis fuerzas sin que me importe lo que los demás piensen; pero no puedo: el pudor, la verguenza de ser vista con extrañeza me obliga a callar y, sin embargo, ese pudor, esa censura, no me ayudarán a hacer que el corazón deje de llorar.
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Sostengo la mirada en sus ojos hasta que ya no es posible reconocerlos, quiero recordar todos los detalles que pueda, la sombra en esos ojos verdes, lo revuelto de su cabello por el aire, su mano recargada en la ventana, luchando con fuerzas para no hacer una seña que haga patente la despedida. Hasta ese momento en que todo se hace borroso por las lágrimas, mis ojos resbalan hasta mis zapatos, mojándolos con desesperación. Una última mirada. Una voz... -la luz me llevará a ti!!. ¿La locura llegó al fin?, ¿o es un susurro alentador?. Ahora que se fue, los minutos en la estación parecen absurdos, y mi mirada ya no encuentra a qué aferrarse, regresaré a mi escondrijo a llorar libremente.
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El camino es largo, solo, tedioso. Cada paso me va alejando de la esperanza de verlo de nuevo, quizá saltó del tren en el último momento, quizá el tren se averió y el destino, ese maldito destino que nos separó, me lo regresa sano y salvo, con su eterna sonrisa... esa sonrisa que se apagó en cuanto supimos que teníamos que separarnos. Aquella voz en la estación vuelve a mi memoria, una esperanza vana que anima mi corazón roto. ¿Será cierto que sentimos con el corazón? ¿Qué la mente no puede mandar en el corazón? ¿No hay posbilidad de que, si lo repito una y otra vez, mi corazón vuelva a palpitar con calma, con gozo, con vida? Todo alrededor es tan triste, todo, el verde palidece, el negro es tan gris que deprime, las flores se ven tristes, marchitas; lo único que me tienta es la obscuridad, la frialdad de nuestro hogar, un refugio para encogerme y gritar esta desesperación con toda mi fuerza, con todo mi dolor.
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Al regreso, las calles se me hacían ajenas ahora, su risa ya no estaba a cada instante, en cada cosa, su mirada ya no hacía las horas más ricas. Cada detalle me lo recuerda, como siempre sucede en los momentos de tristeza. La viejecilla de la ventana no me sonrió igual cuando la saludé, sola esta vez. La fuente ya no recibiría una moneda prestando un deseo de amor ahora que ya no estoy con él, y el rincón donde siempre tropiezo para subir el escalón que me lleva a casa, ya no verá cómo me recoge en sus brazos con una sonrisa y un leve rubor en sus mejillas. Dentro de nuestro dulce refugio el breve jardín que ciudamos juntos palidece ahora con la soledad eterna que se alberga en mi corazón. Mis pensamientos son rotos por el sonido del teléfono, y mi corazón salta, ya no sé si de alegria o angustia.
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Como siempre que tengo prisa las llaves se revelan, me paso las manos por las bolsas de los pantalones, segura de haberlas hechado en alguna, comienzo a gruñir por lo bajo, cada timbrazo deseando que haya uno más. Cuando encuentro las llaves y logro introducirlas en el cerrojo, este se me resiste, maldita sea pienso, aporreo la puerta, harta de sentir esta desesperación... todo a mi alrededor es desesperación. El teléfono ha dejado de sonar, ya no importa. Resbalo la espalda por la puerta lentamente, hasta quedar sentada en el peldaño, el mismo peldaño que me hacía caer en sus brazos... Miro al cielo, algunas gotas comienza a caer, me pregunto si será cierto quello de que llueve cunado un ser de este planeta está poseida de imensa infelicidad o está maldito, me pregunto cuál de las dos estoy yo: simplemente infeliz, simplemente maldita.
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Dejo que la lluvia caiga por todo mi cuerpo, empapandolo lentamente, de esa manera,las lágrimas que no brotaron en la estación de trenes, podrán confundirse con las gotas que me declaran infeliz o maldita, o ambas, ya eso no importa ahora. Los sollozos me queman la garganta, y mi pecho se carga de una pesadez infinita, me pregunto si esta es la sensación del amor perdido o de la pérdida de la razón. El tiempo se alenta, y con él se evocan los recuerdos de una cama revuelta, de unos pies juguetones, y de la sonrisa de las mañanas. Ahora es que se que cuando sientes que todo se pierde dentro de tí, y te das cuenta que alguien tiene el poder de hacer perder tu corazón en un instante, hay dos opciones: negarte a ser arrastrado a ese sentimiento de nuevo, o entregarte sin reservas una y otra vez. Con este pensamiento, pierdo mis fuerzas en aquel escalón de recuerdos, y cierro los ojos para dejar que el sentimiento se apodere de mi. la lluvia sigue callendo, enfriando mi cuerpo cada vez más. Así es mejor el calor de un brazo a mi alrededor hace que recupere un instante el aliento, pero después, la negrura avanza de nuevo.